GEOGRAFIA |
Nicaragua está situado en el centro del istmo que une las dos grandes masas
del continente americano, y está comprendido dentro de los grados 11 y 15 de
latitud norte y los grados 83 y 88 de longitud oeste en el sexto huso horario
occidental.
Es un gran trapecio, de forma irregular: tiene 450 kms de costa a lolargo del Mar Caribe, es decir del Océano Atlántico, y 305 kms de costa en el litoral Pacífico; al norte está bordeado, en una longitud de 540 kms. con la frontera de Honduras, y al Sur, en una longitud de 220 kms. con la frontera de Costa-Rica.
La superficie del país es de 130.000 kilómetros cuadrados, lo que le situa, en el plan de extensión territorial, al primer rango de los países de América Central y las Antillas.
Teniendo el privilegio de sus dos litorales oceánicos, la situación excepcional de Nicaragua, desde la colonización española hasta, la apertura del canal de Panama, ha llamado, desde el siglo XVI, la atención de los conquistadores españoles venidos, unos por la Costa Atlántica, otros por las tierras cercanas al Pacífico.
Muy rápidamente, negociantes y viajeros en general, habitantes de América del Norte y colonos de las Antillas particularmente, se dieron cuenta de la facilidad que les procuraba la ruta que une los dos océanos, pasando por el Río San Juan, el Gran Lago y las tierras fáciles de atravesar que separan este último de los pequeños puertos del Pacífico de San Juan del Sur y El Realejo.
Durante toda la época colonial española, esta ruta interoceánica permitió a lqs filibusteros penetrar al interior de las tierras y saquear ciudades como Granada y León. Pero no debemos olvidar que permitió también a un gran número de negociantes hacer comercio con las poblaciones del interior del país, y a todos los viajeros que querían pasar de un océano a otro, evitarles el larguísimo rodeo por el estrecho de Magallanes, a la punta sur del continente.
Tierra de tránsito por excelencia desde la llegada de los Españoles, cruzada de Este a Oeste y vice-versa por innumerables extranjeros, llenos de buenas o de malas intenciones según fueran negociantes, sencillos viajeros o saqueadores, Nicaragua ha dado a su población española autóctona, cada día más mestizada, miles de ocasiones para universalizar sus conocimientos por contactos humanos que no han tenido los demás habitantes del istmo centro-americano.
De ahí procede una de las causas mayores de la curiosidad natural, el carácter abierto, la hospitalidad alegre del Nicaragüense más modesto. Nación formada por mezclas de sangre y de culturas, la patria de Rafaela Herrera y de Rubén Darío tiene el privilegio de ser poblada por hombres y mujeres que se sienten tódos iguales, en los cuales la ausencia de chauvinismo llama la atención del recién llegado y le seduce hasta el punto de retenerlo para fundar su hogar en estas tierras. Naturalmente, varios proyectos de enlace interoceánico por Nicaragua se han estudiado a partir del siglo XVIII.
Así es como el potente vecino del Norte, principalmente interesado en el establecimiento de una vía navegable en América Central, había emprendido muy seriamente, a principios de este siglo, un proyecto que utilizaba el Río San Juan y el Gran Lago, para desembocar en el Pacífico abriendo un canal de unos treinta dieciocho, cruzando el istmo de Rivas. Estados Unidos y Nicaragua firmaron, en 1914 un acuerdo, el tratado Chamorro-Bryan, con el fin de llevar a cabo ese proyecto, acuerdo que ya no está en vigor desde hace algunos años solamente.
Es interesante saber que si el proyecto del canal, tal y como lo habían considerado Estados Unidos y Nicaragua a principios del siglo, no se ha cumplido prefiriendo los gobernantes de Washington el de Panamá, se debe a la presencia de un volcán en actividad situado solamente a diez kilómetros del proyectado canal. Una hábil propaganda de los centros de negocios americanos interesados en la realización del canal de Panamá, se encargó de difundir una fotografía del volcán Concepcion, en la Isla de Ometepe, en el Gran Lago y mostrar cuanto peligro presentaba para un canal. Eso bastó para que se escogiera el territorio de Panamá en lugar del de Nicaragua.
Actualmente se está estudiando la posibilidad de dar acceso a los buques de tonelaje pequeño y medio que vienen del Atlántico a un puerto que se creará en Granada, en el Gran Lago; y al oeste, para los navíos de pequeño tonelaje viniendo del Pacífico, de modo que lleguen hasta un futuro puerto en Managua, en el lago del mismo nombre (el Xolotlan de los Indios). Siendo el Gran Lago el vertedero de este último, será fácil crear un enlace acuático entre las dos grandes extensiones de agua de Nicaragua después de regularizar sus niveles mediante presas y construir una sola obra de ingeniería, esclusa o "declive de agua", para vencer la desnivelación de siete metros aproxima- damente entre los dos lagos. Así se volveria efectiva la ruta de agua constituyendo practicamente una vía navegable interior Este-Oeste comunicando a ambos océanos.
Lejos de ser una utopía y no representando gastos muy elevados, este proyecto permitiria un servicio interior de todo el país, para las mercancías y material que viene del extranjero por el Atlántico, y al mismo tiempo facilitaria el transporte hacia los puertos de los dos océanos de toda la producción del país destinada a la exportación: Los desniveles de las dos grandes masas de agua permitiria además la reproducclón barata de energía hydroeléctrica, indispensable por la industrialización progresiva del país. Ninguna traba jurídica, ningún tratado internacional se opone hoy día a la realización de este gran eje acúatico por Nicaragua, destinado a facilitar mucho los movimientos comerciales a través del país.